
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Virgen y Madre, Santa María,
que animaste a la primera comunidad, en la que
«todos perseveraban unánimes en la oración»,
ayuda a la Iglesia a ser en el mundo de hoy
icono de la Trinidad, signo elocuente del amor divino
a todos los hombres.
Virgen María, que respondiste con prontitud a la
llamada del Padre diciendo:
«Aquí está la esclava del Señor»,
intercede para que no falten en el pueblo cristiano
servidores de la alegría divina:
Sacerdotes que, en comunión con sus Obispos,
anuncien fielmente el Evangelio y celebren los
sacramentos, cuidando al pueblo de Dios, que estén
dispuestos a evangelizar a toda la humanidad.
Que aumente el número de las personas consagradas,
que vayan contracorriente, viviendo los consejos
evangélicos de pobreza, castidad y obediencia,
y den testimonio profético de Cristo
y de su mensaje liberador de salvación.
María, que comprendiste mejor que nadie el sentido de
las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son los
que escuchan la palabra de Dios y la ponen
en práctica», haz que los hermanos y hermanas a los que el
Señor llama a vocaciones particulares en la Iglesia,
aprendan a escuchar a tu divino Hijo.
Ayúdanos a todos, a decir con la vida:
«Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad».
XLIV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
REUNIÓN CON PADRES
Parroquia de Cristo Rey. El próximo miércoles, día 25, a las 8 de la tarde, en el Club Parroquial, reunión con padres de los chicos y chicas que el próximo 5 de Mayo, a las 8 de la tarde, recibirán el sacramento de la Confirmación.
GRUPO DE ORACIÓN
Parroquia de Cristo Rey. El Grupo de Oración se reunirá el miércoles, día 25, a las 8´30 de la tarde, en el Club Parroquial. Es este un grupo abierto al que todos pueden incorporarse. El tiempo de Pascua nos reúne en torno a Jesús Resucitado.
REUNIÓN CONJUNTA CATEQUISTAS
Con el fin de preparar el Encuentro Diocesano de Catequistas que tendrá lugar en Panticosa el próximo día 12 de Mayo, los catequistas de las tres parroquias de Sabiñánigo se reunirán el día 26, jueves, a las 7 de la tarde, en el Club Parroquial de Cristo Rey.
ORACIÓN VOCACIONAL
El día 26, a las 5´30 de la tarde, Oración Vocacional en la Parroquia del Pilar. Desde todas las Parroquias os invitamos a participar en esta plegaria por las vocaciones consagradas que, como sabéis, es uno de los objetivos diocesanos de este año en nuestra diócesis.
PEREGRINACIÓN INTERNACIONAL
Los días 27,28 y 29 de Abril tendrá lugar la III Peregrinación Internacional del pueblo gitano a la Parroquia de San Francisco de Asís de Barbastro en el X Aniversario de la Beatificación de Ceferino Giménez Malla “El Pelé.” Su fiesta se celebra todos los años el 4 de Mayo. Si queremos saber más sobre este beato, podemos visitar la siguiente página de Internet: http://www.franciscanos.org/osservatore/ceferino.html
DEFUNCIONES EN CRISTO REY
Recibieron cristiana sepultura, en el cementerio de la localidad: Wenceslao Bielsa Laguna y Rosario Cardoso Monje. Vaya para ellos nuestra plegaria solidaria ante el Señor y, para los suyos, nuestro más sentido pésame.
MISA DE SAN JORGE EN EL PILAR
El día 23, a las 12 horas, misa baturra en la Parroquia del Pilar, abierta a los feligreses de todas las Parroquias.
ANTE LA DECLARACIÓN DE LA RENTA
Cada vez más, el sostenimiento económico de la Iglesia Católica va a ser responsabilidad exclusiva de los católicos y de aquellas personas que valoran su labor.
En poco tiempo la financiación de esa gran labor dependerá exclusivamente de las asignaciones que los católicos y los no católicos, quieran destinarle.
Por eso, cada vez más, necesitamos tu compromiso.
UN PEQUEÑO GESTO, UNA GRAN AYUDA, QUE NO TE CUESTA NADA
Marcar la casilla de la Iglesia Católica en la Declaración de la Renta no implica pagar más impuestos, en realidad solo significa que una pequeña parte de lo que ya pagas se destina al sostenimiento económico de la Iglesia. Por eso, tu X en la casilla es vital. Se trata de mostrar tu apoyo y tu solidaridad para con la Iglesia sin que te cueste nada.
¿CÓMO PUEDO AYUDAR?
Como ves, es tan sencillo como marcar con una X la casilla de la Iglesia Católica en tu Declaración de la Renta.
Si tu Declaración es a devolver, también puedes colaborar, ya que, al marcar la casilla de la X te devolverán lo mismo.
Si, por último, no tienes obligación de hacer la Declaración de la Renta, solicita el modelo 104 y pon la X en la casilla de la Iglesia.
Si no llevas a cabo personalmente tu Declaración, y deseas marcar la casilla, indícaselo a tu gestor para que no lo olvide.
¿EN QUÉ SE TRADUCE ESTA AYUDA?
Este gesto casi simbólico, contribuye a continuar la importante labor de la Iglesia de muchas maneras:
Prestando atención espiritual y humana a todo el que lo necesita, sea católico o no.
Manteniendo las Iglesias, lugares de culto y servicios sociales que están repartidos por toda España y construyendo nuevos templos para estar cada día más cerca de todos.
Retribuyendo a los religiosos, sacerdotes y seglares que dedican su vida a proyectos pastorales para adultos, jóvenes y niños.
Desarrollando y evangelizando a los pueblos más necesitados del Tercer Mundo.
En tí está ejercer tu compromiso con la Iglesia
En tu Declaración de la Renta pon la X en la casilla de la Iglesia.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 27b—32. 40b—41
En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo:
—«¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron:
—«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»
Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. O bien: Aleluya.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11—14
Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente:
«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»
Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar —todo lo que hay en ellos—, que decían:
«Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.»
Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.»
Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.
Palabra de Dios.
Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1—19
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
—«Me voy a pescar.»
Ellos contestan:
—«Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
—«Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron:
—«No.»
Él les dice:
—«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
—«Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
—«Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
—«Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque
sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después
de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor

HOMILÍA
Hemos escuchado la Palabra de Dios en este tercer domingo de Pascua. La primera lectura la hemos tomado del libro de los Hechos de los Apóstoles. En aquel tiempo no existían, lógicamente, los medios de comunicación que tenemos hoy y, sin embargo, la fe se fue extendiendo por toda la cuenca del Mediterráneo gracias a la labor de unos hombres y mujeres intrépidos a quienes el hecho de haber sido testigos de la Resurrección de Jesús les había cambiado y transformado. Hoy nosotros disponemos de esos medios pero, quizás, nos falte ese empuje interior sin el que ningún medio de comunicación puede hacer milagros. Esta primera lectura nos ha hablado de los Apóstoles presididos por Pedro. A su predicación, sin miedo a la persecución, muy pronto unieron las cartas a diversas comunidades. Podemos decir que, ya desde el principio, la Iglesia utilizó todos los medios a su alcance para dar a conocer el mensaje de Jesús. Todo un ejemplo que nos debe hacer pensar.
La segunda lectura la hemos tomado del libro del Apocalipsis, un libro que fue escrito para confortar y consolar a los primeros cristianos que estaban sufriendo una durísima persecución. Les pone el ejemplo del mismo Jesús bajo la imagen de un cordero degollado que, tras haber pasado por la pasión y la muerte en la cruz, era digno de recibir el poder, el honor, la gloria y la alabanza. Así, les viene a decir, sucederá con vosotros si permanecéis fieles en los momentos difíciles. La fidelidad en medio del sufrimiento conlleva el poder, el honor, la gloria y la alabanza. Imitar al Jesús de la Pasión y de la Cruz nos hará compartir con Él la misma gloria.
El relato evangélico nos ha recordado uno de los momentos más entrañables que vivieron los apóstoles en torno a Jesús Resucitado. Tuvo lugar en el lago de Galilea. Los apóstoles habían salido a pescar durante la noche pero no habían cogido nada. Jesús se les aparece y les invita a echar de nuevo la red y la abundancia de la captura les hace comprender lo que, apenas unas horas antes, solo era un sueño: Jesús había resucitado y estaba de nuevo con ellos. En la orilla comparten el alimento casi sin atreverse a hablar y tratando de asimilar lo que es una gozosa realidad.
Pensemos nosotros en esta escena. Aquel mismo Jesús que se apareció a los suyos en el lago de Galilea es el mismo en el que hoy tenemos depositadas todas nuestras esperanzas. Es el mismo que está presente en esta celebración de la Eucaristía y nos impulsa a ser sus testigos ante los hombres. Jesús Resucitado quiere compartir también, como entonces, nuestras mesas y nuestro pan. Invitémosle

TERCER DOMINGO DE PASCUA
Hechos 5,27-32
Apocalipsis 5,11-14
Juan 21,1-19
LEER Y ENTENDER
Todo parece inmensamente normal, sencillo. Una invitación de Pedro a los discípulos para dar un paseo y salir a pescar un rato. En lo “normal” de este acto propio de quienes viven de la pesca, el evangelista ve el marco idóneo para situar la tercera aparición de Jesús, que, por su estructura, nos recuerda otras pescas milagrosas y otras multiplicaciones de los panes y los peces.
Lo que convierte a lo “normal” en aparición y en presencia del Resucitado, es el amor. El discípulo amado reconoce enseguida la presencia del Señor. Lo que le hace creer es contemplar que está delante de algo que entra por los ojos: la gratuidad, la abundancia, la sin medida, la cantidad de peces que hay dentro de la barca. Y cae en la cuenta de que Dios es así: sin medida, todo dar...Dios es amor.
Donde hay derroche de amor, de gratuidad, de no usar medida..., allí hay huella que hace sospechar de la presencia del Señor, que hace ver al Señor. Cuando damos “midiendo”, somos muy humanos; “obramos de manera humana”. Cuando damos “sin medida”, Dios se cuela y se hace presente sin darnos cuenta.
Si leemos el texto con detenimiento, vemos en él incongruencias que, a la postre, hacen más significativo el relato. La red llena de peces que exige los esfuerzos de todos, la arrastra después Pedro solito. ¡Que preciosa incongruencia interna! El amor, el “mucho amar” arrasa con todo, puede con todo, se lleva todo por delante...Muchas veces vemos en la comunidad cristiana personas que están cargadas de muchas cosas y se cargan más, y pueden con todo. El cariño nos llena de fuerzas que no son precisamente las físicas. Con Jesús el éxito está asegurado.
En el relato hay una segunda parte en la que Jesús entabla diálogo personal con Pedro. Se destaca sobre el resto. Pedro no es el discípulo primero en reconocer al Señor. No lo fue en el sepulcro ni lo es en esta aparición junto al lago. Jesús no entrega las “llaves” al que más le ama. Se la entrega a aquel que más claramente le negó y con más dolor lloró su pecado. La predilección de Jesús por los pecadores también la manifiesta a la hora de nombrar a su sucesor: quién más pecó y más lloró su culpa. No fue el discípulo mejor amado, sino el más amante, quien obtuvo la responsabilidad de cuidar y guiar a sus hermanos. Amar mucho a Cristo acarrea a Pedro una nueva obligación, la de sostener la fe de los hermanos. La confirmación de que amamos a Dios siempre será verificable en el amor que tenemos a los hermanos. De esto no hay duda.
Este comentario está tomado del libro “LA PALABRA DEL DOMINGO Y FIESTAS” cuyos autores son Mari Patxi Ayerra y Álvaro Ginel. EDITORIAL CCS