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CARTA PARA EL ADVIENTO 2011
REFLEXIONES
¿DÓNDE VIVES?
Esta pregunta que le dirigieron a Jesús (Jn.1, 38-39) se ha hecho popular en nuestros coloquios callejeros cuando nos encontramos con amigos que sólo vemos de vez en cuando. Lo podemos dirigir a cada uno de los que se encuentran sin techo y también nos lo podemos aplicar a nosotros en este tiempo de Adviento.
En esta época marcada por las grandes transformaciones, en las que caen rápidamente ideologías que parecía que podían resistir el desgaste del tiempo, y en el que descubrimos que todo se va modificando, sólo queda la presencia amorosa del Padre al darnos a su Hijo. Los hombres y mujeres de comienzo de este siglo cambiante, también le preguntamos al Señor: ¿dónde vives?
La pregunta siempre se vuelve hacia nosotros: de “interrogadores” pasamos a ser “interrogados”, de “buscadores” nos descubrimos “buscados”. Esta es la razón fundamental de este tiempo de Adviento, que consiste en esperar en ese amor gratuito con Alguien “que viene” y “que vive”.
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Cuando leas esta carta, ya estaremos en Adviento y muy pronto toda la Iglesia podrá gritar "el Señor vendrá y nos salvará", es más, el "Señor ha venido y nos ha salvado". El Adviento es tiempo de la gracia vivida desde la esperanza y esto es lo que deseamos para nosotros y para este mundo "roto" por las discordias, el hambre, el paro…
Uniéndonos al profeta Isaías podemos gritar "¡Ojala rasgases el cielo y bajases!", pues el mundo llora de dolor y hambre, llora por mártires silenciosos y madres rotas por la pérdida de tantos hijos... En medio de este mundo, tú y yo vivimos para sembrar esperanza. ¿Por qué te digo esto? porque formamos la Iglesia y no podemos ser tibios e indiferentes ante las situaciones humanas, sino que tenemos que reír y sonreír para ayudar a crear una sociedad más rica en esperanza. Una esperanza que se transforme en amor vivencial, que rompa las retóricas y se encarne en nuestras vidas.
Adviento ¿para quién? Si retomamos la liturgia, nos lleva a Nazaret y allí podemos hablar con el Ángel y vivir todo el misterio de la esperanza.
Que un día podamos decir "Alégrate, llena de gracia", es mi deseo para ti, para tu comunidad, para todos. Esta expresión evangélica, nos coloca en el misterio de la Encarnación pero desde el anonimato, como lo vivió María. ¿Cuántos Nazaret rodean nuestras vidas? ¿Nuestra casa es un Nazaret? Ningún ruido, nada llamativo, casi nadie se enteró de lo que ocurría. En un clima de contemplación, María entendió que tenía que decir "sí". Esto es lo que nosotros podemos vivir en este tiempo.
En María era un "sí" a la aventura con Dios, a sus caminos que eran difíciles, aunque cargados de confianza. Nuestro "sí" es una aventura, nuestra pastoral es una encarnación, nuestro Nazaret es el mundo, hecho carne en la misión que la Iglesia nos encomienda. Dios está presente y nos quiere en el "sin sentido de la productividad pastoral". Así debemos preparar nuestro nacimiento con Jesús.
Dios cuenta con nosotros, como contó con María. Nos necesita con un amor renovado y en tareas que no llamen la atención. En ese "sí" viene Jesús. A esta tarea sembradora de esperanza estamos llamados nosotros para "estar" y "ser" con los hombres y mujeres que el mundo llama inútiles. ¿Y cómo será esto? Esta pregunta que se hizo María ante el Ángel, también nos la hacemos nosotros y la respuesta es la misma: El Señor se hizo y se hace "Dios con nosotros", cercano y amigo. "No temas. Yo estoy contigo".
Ante los gritos de tantos hermanos nuestros que sufren y gritan ¡Ven, Señor, no tardes!, nosotros debemos sembrar esperanza. Que este tiempo litúrgico no se quede en palabras, sino que lo vivamos sabiendo que las puertas de la cercanía de Dios se abrieron para todos los hombres.
Un abrazo de tu buen amigo,
Fernando Jordán Pemán
