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IV DOMINGO DE ADVIENTO
HOMILIAS
HOMILÍA
Hemos escuchado las lecturas del cuarto domingo de Adviento, el domingo que precede a la celebración de la Navidad, a la fiesta del nacimiento de Jesús. Intensifiquemos, más si cabe, nuestra preparación, dediquemos tiempo a la plegaria, pongamos el Belén en nuestras casas o, al menos, el nacimiento. Empapémonos de los sentimientos de José y de María, recreemos el ambiente de los pastores y de los magos de oriente, leamos el relato del nacimiento de Jesús, comencemos a oír el canto de los villancicos y pidamos al Señor que nazca de verdad en nuestros corazones, en nuestra familia, en nuestro pueblo.
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Pero, no adelantemos acontecimientos, todavía estamos en el último de los domingos de este tiempo de preparación que es el adviento. Y, la palabra de Dios de este día, tiene muchas cosas que decirnos a cada uno de nosotros y, a todos juntos, como comunidad. La primera lectura la hemos tomado del segundo libro de Samuel y nos ha hablado de la idea del rey David de edificar un templo al Señor y de la respuesta que recibe de él: le hace la promesa de estar a su lado y de defenderle de sus enemigos, de perpetuar su dinastía y su trono para siempre. Aparte del hecho histórico al que hacen referencia estas palabras, nosotros sabemos que el Jesús que nace en la Navidad es descendiente de David. Muchos enfermos le gritarán en su día: “Jesús, hijo de David, ten compasión de nosotros.” Hagamos como el rey David: edifiquemos un templo al Señor y que ese templo sea nuestro corazón.
La segunda lectura la hemos tomado de la carta de San Pablo a los cristianos de Roma. Son sus últimas palabras y hace referencia a Jesús, misterio escondido durante siglos eternos, y manifestado ahora. Manifestado en forma de niño indefenso y frágil. Acojámoslo así nosotros. Dios no se manifiesta a través de todo su poder sino en la humildad y sencillez de un niño recién nacido. No lo olvidemos.
El relato del evangelio de San Lucas nos ha recordado la escena de la anunciación del ángel a María. Hace pocos días, en la fiesta de la Inmaculada, escuchábamos también este mismo pasaje. La liturgia de este día está centrada en María, en la muchacha de Nazaret que sabe decir sí a la propuesta que recibe de parte de Dios. Y es que, no podemos hablar del nacimiento de Jesús, sin hablar antes de la madre que lo hace posible. Seguramente María no alcanzó a imaginar hasta dónde le llevaría su sí. Una vez nacido el niño, el anciano Simeón, en el templo de Jerusalén, le presentará un esbozo de lo que le espera: “Y a ti, María, una espada te atravesará el alma.” El sí de María será fuente de inmensas alegrías pero también de penas y sufrimientos de la que será conocida como “Virgen Dolorosa.” Sepamos también nosotros decir sí al Señor y esperemos con gozo y paz la fiesta de su nacimiento.
