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V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
HOMILIAS
HOMILÍA
Poco a poco, vamos avanzando en la lectura y en la reflexión de los textos bíblicos que nos presenta el llamado Tiempo Ordinario, antes de meternos de lleno en el tiempo fuerte de la Cuaresma. Bueno es que recordemos lo que hemos escuchado, lo que el Señor nos ha querido decir a cada uno de nosotros. Bueno es que estos textos proclamados nos sirvan de ayuda a la hora de vivir nuestra fe, de relacionarnos con el Señor y con el prójimo. Ese prójimo “cercano” al que estos días estamos ayudando trayendo alimentos no perecederos para que sean repartidos, a través de Cáritas, entre familias de nuestro pueblo y ese otro prójimo, lejano geográficamente, concretamente en Camboya y Paraguay, al que ayudaremos el próximo domingo, día 12, en la Colecta de la Campaña contra el Hambre en el mundo.
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La primera lectura la hemos tomado del libro de Job, ese texto del antiguo testamento que se planteaba el problema del sufrimiento de los inocentes. Las palabras que hemos escuchado recogen lo que todos podemos sentir en los momentos de pesimismo, en los días en los que todo lo vemos oscuro. La verdad es que no siempre la vida es así pero, lo que nos decía Job, es un reflejo de lo que viven muchos en nuestro país por la crisis y en tantos lugares del mundo a causa de la pobreza, del hambre, de la guerra, de la violencia. En la medida de nuestras posibilidades, ayudemos. Traigamos alimentos que aliviarán la suerte de muchos aquí entre nosotros y colaboremos económicamente cuando, el próximo domingo, se solicite nuestra contribución para que tantos, desconocidos para nosotros, puedan salir de ese pozo sin fondo en el que se ha convertido su vida.
La segunda lectura tiene a San Pablo como autor y a los Corintios como destinatarios. Les habla de la necesidad imperiosa que siente de llevar el evangelio a todas partes. Algo que le supone esfuerzo, trabajo, luchas y dificultades. También nosotros estamos llamados a llevar el evangelio a los ambientes donde vivimos y de hacerlo con nuestra palabra y con nuestra vida, con nuestro testimonio. ¡Ojalá que, el que nos vea, pueda decir: ahí va un cristiano, un seguidor de Jesús! Para muchas personas de nuestro entorno, nosotros seremos el único evangelio que van a tener la oportunidad de leer. Seamos fieles al original.
El relato del evangelio nos ha recordado la curación de la suegra de Simón Pedro y de otros muchos, la marcha de Jesús al descampado para orar y la vuelta a la predicación de la Buena Noticia cuando los apóstoles le dicen: “Todo el mundo te busca.” Nuestro testimonio cristiano ha de estar nutrido también de todas esas cosas: de la atención a los necesitados, de la oración cotidiana y de la proclamación abierta y decidida de Jesús y de su mensaje de amor. Proclamemos nuestra fe.
