CARTA DOMINGO 1º ADVIENTO-A

EL DESEO DE DIOS

Queridos amigos:

Un año más iniciamos un nuevo tiempo litúrgico. Volvemos a empezar. Ahora lo comenzamos desde los preparativos, la esperanza, la consciencia de que a un Dios que viene hay que esperarlo y buscarlo. Ese es el sentido de estas semanas. Un tiempo de búsqueda, de deseo, de preguntas. Un plato con dos ingredientes principales: el deseo y la actitud de búsqueda. De esto se trata, en estos días, de desenterrar el anhelo de Dios, que a veces queda sepultado por otras urgencias y prisas. Y de hacerlo de manera activa, dinámica, cada día.

El profeta Isaías (55,1) nos dice: « ¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde». Siempre está ahí ese anhelo, esa mirada, esa pregunta. No siempre le sabemos poner nombre, pero, Señor, tenemos sed de ti, de justicia, de respuestas, sobre todo, de amor. De un amor radical, profundo, incondicional y eterno. Y todo eso eres tú.

Este tiempo de Adviento nos recuerda que Dios “está viniendo, una y otra vez, a nuestro mundo, a nuestra historia, a nuestra vida”. Y nos da un toque de atención para que no nos distraigamos con otros anhelos que se agotan pronto, con otras hambres que nunca nos satisfacen, con otros motivos que nos entretienen, pero no dan sentido. Porque lo que deseamos, eso es lo que vamos a perseguir con todas nuestras fuerzas. Pues, Señor, te necesitamos a ti. Ven, Señor Jesús.

Pero el esperar y el desear no es suficiente. Hay que buscar (Cfr. Jer 29,12–13). Buscarle. En puentes, calles, casas, palabras, versos, silencio, personas, gestos, besos, abrazos, heridas, conversaciones, miedos; en tormentas y calmas, sueño y vigilia, de día y de noche.

Buscarle en los momentos de júbilo y en alguna que otra decepción. Vamos a buscar al Señor. Vamos a preguntarle al mundo por Él. Toda la vida, si hace falta. Pero si pasamos cerca y nos ves despistado, danos un grito.

Mientras reflexionamos estas cosas, todo a nuestro alrededor huele ya a Navidad. Frente al consumismo superficial, dejemos un hueco en nuestra mente y corazón para cultivar el deseo y la búsqueda como sendas para encontrarnos muy pronto con el Dios que se hace Niño con nosotros.

Un fraternal abrazo.

Fernando Jordán Pemán, Párroco

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies