
HOMILÍA
El domingo pasado, como sabemos, tomó posesión de nuestra Diócesis de Jaca el Padre Pedro Aguado Cuesta. En una ceremonia solemne, en la que, de alguna forma, estaba representada toda la Iglesia, sentimos la alegría que acompaña siempre a la llegada de un nuevo Pastor. Con él, participamos en la celebración de la Eucaristía, en la que, el pan y el vino se transformaron en el Corpus Christi, en el cuerpo de Cristo, que pudimos recibir en la Comunión. Hoy, contando ya con su presencia, celebramos esta fiesta llenos de alegría.
La primera lectura la hemos tomado del libro del Génesis. En él aparece un personaje de nombre extraño: Melquisedec, que vivió en tiempos de Abrahán, que recibió de él la ofrenda del diezmo de todo, que sacó pan y vino antes de bendecirlo. Jesús, en la última Cena, utilizó también el pan y el vino. ¡Cuánto nos recuerda a la Misa que celebramos cada día! Ojalá que al recibirlos, nos sintamos bendecidos por Dios.
La segunda lectura, de San Pablo a los cristianos de Corinto, nos ha recordado la enseñanza que el apóstol recibió cuando le explicaron cómo Jesús instituyó la Eucaristía. Y lo pone por escrito con las palabras exactas que el sacerdote pronuncia en el momento de la Consagración: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”. Nosotros, los adultos, enseñemos a los más pequeños este misterio para que llegue a formar parte de su tradición cristiana y no lo olviden nunca.
El relato del evangelio nos ha hablado de la multiplicación de los panes y de los peces y nos ha dicho: “Dadles vosotros de comer”. La Eucaristía está unida a la Caridad Fraterna. Si comulgamos, si recibimos a Jesús, estamos llamados a compartir lo que somos y tenemos con los más necesitados. Hoy se hace una colecta para Cáritas. De nada nos serviría comulgar si pasáramos de largo ante los que pasan hambre
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