
HOMILÍA
Tras haber escuchado la Palabra de Dios, todos somos llamados a reflexionar sobre ella, a hacerla vida, a llevarla a la práctica, sin olvidar que estamos comenzando un nuevo curso pastoral en el que la Iglesia nos pedirá hasta qué punto estamos dispuestos a colaborar en nuestra parroquia respectiva, hasta qué punto consideramos que la catequesis es una actividad importante, que la formación cristiana es imprescindible, que los pobres y los necesitados requieren de nuestra atención. Ante el Sagrario de nuestra Parroquia, pensemos en todo ello.
La primera lectura la hemos tomado del profeta Amós en la que hemos visto como habla de los pobres y los ricos; de los que nadan en la abundancia y de los que no tienen lo necesario para vivir; de los que, amparados en su riqueza, abusan de los débiles y solo buscan aumentar el caudal de su dinero. El profeta también nos habla a nosotros y, por eso, debemos preguntarnos: ¿qué podemos hacer por los pobres y necesitados de hoy? ¿Cómo responderemos cuando llegue la colecta del Domund, de la Campaña contra el Hambre o cuando sepamos de la necesidad de los que viven cerca de nosotros?
La segunda lectura, de San Pablo a Timoteo nos ha recordado la necesidad de orar por todos: por los constituidos en autoridad, por los familiares, amigos, vecinos. También por los que consideramos enemigos, por aquellos con los que no nos llevamos bien. Rezar por el prójimo es amarle. A veces, es verdad, lo único que podemos hacer por él.
El evangelio de Lucas nos ha insistido en el tema de la fidelidad. Si no sabemos ser fieles en lo poco y en lo pequeño, tampoco lo llegaremos a hacerlo en lo mucho y en lo grande. No se olvidaba Jesús de recordarnos que no podemos tampoco servir a Dios y al dinero porque, decía, no se puede estar al servicio de dos amos. Recordémoslo.
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