
HOMILÍA
“Gaudete” es el nombre que recibe el tercer domingo de Adviento porque, aunque este tiempo de espera de la llegada del Mesías, tiene mucho de conversión, de renovación personal y comunitaria, no olvidamos que, la proximidad de la venida de Jesús, nos debe llenar de un gozo indecible. “Gaudete” es una palabra que viene a significar, precisamente eso: gozo, alegría. Sigamos preparándonos para vivir la navidad con un corazón limpio, sí, pero empecemos a sentir ya ese calor interior que colmará nuestras ansias de felicidad, de gozo y paz. Ese calor que nos trae el nacimiento del Salvador.
La primera lectura la hemos tomado del profeta Isaías. Hemos escuchado palabras como gozo y cantos de júbilo. Nos ha invitado a fortaleced las manos débiles, a afianzar las rodillas vacilantes; a decir a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará». Busquemos ser felices y hagamos todo lo posible por sembrar felicidad a nuestro alrededor. La Navidad es Dios que viene a nosotros.
La segunda lectura, del apóstol Santiago, nos ha venido a decir que la paciencia es una virtud propia de todos aquellos que esperan a ese Dios que se hace hombre. Él vendrá, sí; no nos impacientemos. La espera y la esperanza contienen ya las semillas de una navidad llena de concordia, de amor, de cercanía. Vivámosla ya desde ahora.
El relato del evangelio de Mateo contiene la escena en la que Jesús recibe a unos discípulos del Bautista que buscan saber, de verdad, si él es el Mesías esperado o si tienen que esperar a otro. Los milagros que realiza Jesús, delante de ellos, les convencerán de que sí. Y recibirán del propio Jesús las mejores palabras que se pudieran decir sobre Juan. Juan es el mensajero que prepara el camino. Seamos nosotros como él.
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