
HOMILÍA
El verano, el calor, las vacaciones, el reencuentro con familiares y amigos, no nos deben quitar el seguir poniéndonos a la escucha de la Palabra de Dios. De un Dios al que podemos encontrar en lugares no habituales el resto del año: en plena naturaleza, en el mar y la montaña. Hoy hemos escuchado las lecturas propias del domingo quince del tiempo ordinario. Un domingo que nos transmite un mensaje muy importante en nuestra relación con el Padre Dios y con el prójimo que camina a nuestro lado o con el que podemos encontrarnos en cualquier momento. Unos serán conocidos. Otros, lo llegarán a ser, si queremos.
La primera lectura la hemos tomado del libro del Deuteronomio. Para el autor, muchos piensan que es difícil conocer la voluntad de Dios y saber lo que tenemos que hacer o dejar de hacer. La última frase del texto leído no da la respuesta: “El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas». De todas formas, pidamos la ayuda del Señor y la de los hermanos si la necesitamos. Ellos nos ayudarán a comprender y a cumplir.
La segunda lectura, de San Pablo a los Colosenses, nos ha venido a recordar que Jesús es el gran mediador entre el Padre Dios y cada uno de nosotros. “Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”.
El relato del evangelio del Lucas nos ha puesto de relieve el gran mandamiento que tenemos los cristianos: El amor a Dios y el amor al prójimo y nos ha contado la hermosa parábola del Buen Samaritano. Podemos ser víctimas o malas personas que hacen daño a su prójimo. Podemos pasar de largo ante el que sufre o imitar al Samaritano que atiende, que cura, que consuela, que da hasta de lo que necesita para él. Releamos, una y otra vez, este pasaje. Seguro que nos hará mejores
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