
HOMILÍA
El llamado Tiempo Ordinario, en el que estamos, va llegando a su fin, antes de comenzar un nuevo año litúrgico con el Tiempo del Adviento. Pero, antes de empezar ese nuevo ciclo, estamos llamados a celebrar y a vivir acontecimientos importantes. Hoy, por ejemplo, la Iglesia nos invita a tomar conciencia del llamado “Día de la Iglesia Diocesana” con el lema “Dios cuenta contigo. Tu Diócesis, tu Familia”. El próximo domingo, viviremos “La X Jornada Mundial de los Pobres” en la que tomaremos conciencia de esa pobreza que afecta a tantas personas que viven lejos y también, a veces, muy cerca de nosotros.
La primera lectura la hemos tomado del libro de la Sabiduría y nos ha venido a decir que, quienes buscan esa Sabiduría, terminan por encontrarla. No es la sabiduría como cúmulo de conocimientos sino esa otra que nos hace vivir a la escucha de la voluntad de Dios. Ese Dios que nos invita a sentirnos parte de la familia cristiana, de la Iglesia. Y si somos parte de ella, estamos llamados a colaborar en su misión con nuestra aportación personal y económica. Hoy hacemos una colecta.
La segunda lectura, de San Pablo a los Tesalonicenses, la escuchamos con frecuencia en los funerales y nos asegura cuál es la suerte que les espera a los que han fallecido. “Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, dice el apóstol, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.” La Comunidad cristiana confía en las palabras de Jesús y acompaña con su presencia y oración a sus familias.
El relato del evangelio nos ha contado la parábola de las vírgenes prudentes y de las necias, queriendo enseñarnos que debemos vivir vigilantes, esperando la llegada del “esposo” que puede tardar. Vivamos nuestra fe sintiendo que formamos parte de la Iglesia a la que debemos aportar nuestro esfuerzo, oración y la ayuda que pueda necesitar.
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