
HOMILÍA
En víspera de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y de la veneración a la Virgen de los Dolores, que todos los años venimos celebrando el 14 y el 15 de septiembre, hemos escuchado la palabra de Dios en este domingo veinticuatro del tiempo ordinario. Una Palabra de Dios que pone al descubierto nuestras realidades y nos impulsa a buscar ese ideal al que estamos llamados. Sabemos, por experiencia, que es más fácil el camino del egoísmo, de la ira, de la venganza, del rencor y que necesitamos la ayuda del Señor para superar esas situaciones y edificar unas relaciones fraternas con el prójimo. Recordemos lo que hemos escuchado en los textos bíblicos que nos han sido proclamados.
La primera lectura la hemos tomado del libro del Eclesiástico. El autor es consciente de que la ira, el rencor y la venganza, anidan en los corazones de muchos y hace una llamada a no dejarse llevar por esas actitudes, por esos comportamientos. Les da una razón de peso: todos queremos ser perdonados, aceptados y acogidos por el Señor pero ¿cómo podemos pretender eso si la ira nos lleva a la violencia, si el rencor nos separa de los demás, si la venganza nos nubla el entendimiento y el sentimiento? ¿Cómo podemos implorar el perdón de Dios, si nosotros cultivamos actitudes contrarias?
La segunda lectura, de la carta de San Pablo a los cristian0s de Roma, la escuchamos muchas veces en los funerales. “Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte, somos del Señor”. Palabras que nos han de llenar de una inmensa confianza. Estamos siempre en las manos de Dios. Apoyemos nuestra cabeza en el pecho de Jesús, como el apóstol Juan hizo en la Última Cena, y dejemos que sus brazos nos den paz y seguridad.
El relato del evangelio de Mateo nos ha contado la parábola del siervo al que se le ha perdonado una gran deuda pero que es incapaz de perdonar, a su vez, otra mucho más pequeña que un compañero tiene con él. ¿Cómo podemos pretender que el Señor nos perdone si nosotros no estamos dispuestos a perdonar a los demás? Todos recordamos la oración del Padre Nuestro en que Jesús nos enseñó rezar con estas palabras: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Frente a la ira, el rencor y la venganza, solo cabe el camino del perdón y de la reconciliación fraterna.
Debe estar conectado para enviar un comentario.