COMENTARIO DOMINGO ASCENSIÓN

TRES IDEAS IMPORTANTES

De este evangelio de San Mateo, en esta festividad de la Ascensión, sacamos tres ideas importantes:

Jesús se va al cielo, pero se queda siempre con nosotros.  Precisamente este evangelio de Mateo ha destacado esta presencia de Jesús con nosotros. Al principio nos habla de Jesús como ENMANUEL. Su nombre, su esencia, es estar con nosotros. Sin nosotros Él ya no sería Él. Desde el misterio de la Encarnación Dios es Dios–con–nosotros.  Y al final del evangelio nos dice que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.  Siendo esta presencia de Jesús tan arrolladora, ¿quién podrá decir que está solo?  En aquel que pasa hambre y sed, está desnudo, está encarcelado, está enfermo…ahí está Él (Mt. 25).  En la vida podemos experimentar la “amarga soledad”, sólo la soledad de los hombres, pero nunca la de Jesús. En este mundo podemos barruntar el cielo a través de la contemplación, pero no poseerlo.

Dios se comienza a comunicar al alma. Pero no acaba de comunicarse, sólo asoma. Por muy altas que sean las noticias que le dan de Dios en esta vida, no son más que lejanas asomadas. (San Juan de la Cruz. Cant. Espiritual 13,10.)

El encanto de una despedida.  En el evangelio de Lucas, aparece la ascensión al final de todo, como el epílogo final, como el broche de oro a este evangelio de la bondad y la ternura de Jesús. Pues bien, ahí aparece Jesús “levantando sus manos y bendiciéndolos” (Lc, 24,50).  Esas manos de Jesús que se levantan por encima de la tierra para bendecirnos, es la mejor expresión de su cariño y de su ternura. El amor no se va; el amor se queda.  Entre el cielo y la tierra ya no habrá un muro que nos separa sino un gran “espacio acogedor” que nos une con Dios para siempre. “Aquella solemne bendición de Jesús no era sólo para unos apóstoles en un momento preciso; era la bendición del Supremo Sacerdote que antes de entrar en el Sancta Sanctorum de la Jerusalén celeste, nos dejaba una bendición permanente para toda la Humanidad” (Benedicto XVI). Jesús “se va y se queda”. Porque se va al cielo, debemos mirar más cuál va a ser el final de nuestra vida: estar siempre con el Señor. El Señor, desde el cielo, debe ejercer sobre nosotros una fuerza de atracción, de seducción. Porque se queda, “no podemos quedarnos mirando al cielo” (1ª lectura) El cielo se conquista en la tierra, en este mundo, siguiendo siempre el camino que Él nos marcó.

La importancia de la Misión. Id y haced discípulos a todos los pueblos” Lo que nos manda Jesús a todos sus seguidores es que “hagamos discípulos”. Después vendrá el bautizarles. Hacer discípulos es hacer seguidores de Jesús, coger el soplo, el aliento, el talante de Jesús La lectura asidua y meditada del evangelio nos hace cambiar de vida y nos capacita para la misión. Hoy día, más que nunca, la Iglesia necesita “testigos de la fe”, gente que nos hable de Jesús con alegría, con entusiasmo, con ilusión.

« ¡Escuchen a Jesús!», dijo el Papa León. «Él viaja con nosotros, incluso hoy, para enseñarnos en esta ciudad la lógica del amor incondicional, de abandonar toda defensa que se convierte en ofensa«. «Entremos en su luz para convertirnos en luz del mundo, comenzando por el barrio donde vivimos«, dijo, porque «toda la vida de la parroquia y sus grupos existe para esto: es un servicio a la luz, un servicio a la alegría«. (Papa León XIV 3–3–2026)

IGLESIA EN ARAGÓN

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