Categoría: "PLEGARIAS"

PLEGARIA DOMINGO 13. T. ORD.

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Pregoneros y profetas

Cuando pase el mensajero que no me encuentre dormido, afanado en otras metas, indiferente a su voz. Que no sea su relato semilla que el viento barre o luz que a nadie ilumina. Cuando pase el mensajero que no le vuelva la cara para esquivar su propuesta.

Se presentará en un libro, en un verso, o será estrofa de un canto que me envuelva. Vendrá, tal vez, en un amigo, en un hombre roto, o en el pan partido. Le abriré la casa, pondré en juego el corazón y escucharé, con avidez, sus palabras. Y, entonces, me cambiará la vida.

José María R. Olaizola, sj

PLEGARIA DOMINGO XII

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ERES

Dices, ‘ven a mí’.  Yo me resisto, pregunto,  quiero plantear un calendario, un precio, una tasa. Hasta que bajo los brazos, abandono las pegas y me fío de tu llamada.

Entonces descubro quién eres:

Eres espacio seguro donde me sé en casa. Eres mi tierra, mi descanso, mi paga, el abrazo que me envuelve, la caricia que me sana. Eres palabra que ofrece un camino y eres silencio que calma. Eres fuerza sin violencia, fiesta sin ausentes, bienaventuranza. Eres, en mi luto, danza; en la paz, refugio; en la noche, llama. Eres en mi nada, todo. Tú eres mi única batalla.

José María Rodríguez Olaizola, sj

PLEGARIA DOMINGO 11 T. ORD

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LA DOBLE MEDIDA

– Señor, disculpa mis flaquezas, mis caídas y silencios. Dame otra oportunidad. Olvida mis negaciones, mi tibieza, mis eternas contradicciones. Ábreme otra vez la puerta, acógeme en tu casa y en tu abrazo. Tú, que sabes cómo soy.

– Perdona tú, hijo, a quien te hirió con sus flaquezas, sus caídas y silencios… a quien no estuvo a la altura, a quien no supo quererte bien…

– Pero ¿por qué? ¿para que me vuelva a herir, me falle de nuevo, o me deje en la estacada? ¿Cómo olvidar la decepción, las medianías, las perpetuas frustraciones? ¿Por qué mantener la puerta abierta, mi casa dispuesta y el brazo tendido?

– He ahí el dilema, constante y humano. La doble medida. La piedad suplicada para uno mismo y negada al otro. El amor acogido con gratitud, pero entregado con cuentagotas. La claridad ante la necesidad propia, que se vuelve ceguera ante lo ajeno. Aprended de mí, que soy Dios de misericordia.

Inspirado en Mt 18, 21-29 (Rezandovoy)

DOMINGO 10 TIEMPO ORDINARIO

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Oración después de la muerte de un hijo

"Mi vida está de cabeza, amado Dios. El orden del mundo está fuera de lugar y no puedo hacer nada para que vuelva a ser como era. Oh, Señor, tú sabes el dolor en mi corazón en todo momento, y sabes el por qué: mi hijo ha muerto. ¿Cómo puede ser posible que mi hijo amado se haya ido? El niño al que cuidaba con tal preocupación en cualquier enfermedad, al que sostuve cerca a mi corazón y prometí cuidar toda la vida, no está aquí para cuidarlo. Me duele profundamente el no haber sido capaz de proteger a este niño que amo con todo mi ser de una muerte que parece tan injusta".

"Déjame sentir calma. Déjame respirar profundamente. Quédate conmigo en este dolor profundo y transformador. Yo ahora llevo esta oscuridad conmigo en mi espalda y en mi corazón, siempre. Es mi carga y mi compañero".

"Señor, no hay ni un solo minuto de mi vida en que esta pérdida no esté grabada tan profundamente en mi cerebro y en el corazón, ya sea en medio de un día de trabajo o en esos asfixiantes momentos de dolor en la solitaria oscuridad de la noche. Déjame ser agradecido por cada minuto que pasamos juntos. Déjame atesorar esos recuerdos y encontrar alegría en ellos. Ayúdame a lidiar mejor con la gente. Ellos no saben qué decir. Tropiezan y miran hacia otro lado cuando me ven. Fingen que no ha pasado nada. Sé que ellos "no quieren hacerme recordar", pero no entienden que está siempre conmigo, siempre.

"Enséñame, Señor. Dime qué es lo que quieres que haga con esto. ¿Qué se supone que debo aprender de este tipo de dolor? ¿Qué me estás llamando a hacer?

"Abre mi corazón maltratado y guíame al consuelo y la paz. Sólo tú puedes darme la paz que necesito. Déjame sentir tu presencia en mi vida".

Creighton, universidad católica jesuita

PLEGARIA EN EL DÍA DEL CORPUS

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EUCARISTÍA Y CARIDAD

Hoy, Señor, es uno de esos días  que, tal como se decía antes, relucen más que el sol. Los niños, que han hecho su Primera Comunión, se han puesto sus mejores galas y vuelven a estar de nuevo junto al altar, junto a Ti. Te acompañan en la procesión por las calles de nuestro pueblo y te regalan sus sonrisas y sus flores. Todo parece hermoso y, en verdad, así es.

Pero este día nos trae también el recuerdo de tantas personas que lo están pasando mal a causa de la pobreza, de la falta de trabajo, de las guerras, de los conflictos interminables, de la violencia sin sentido. Por eso, Cáritas, nos recuerda que hoy es el Día del Amor Fraterno y que no podemos honrarte a Ti, que vas en la Custodia, si no ayudamos, a la par, a todo aquel que sufre, sea cual sea su ley, su raza o su destino.

Enséñanos a unir fuertemente el amor a Ti y el amor a los hermanos. Que nunca olvidemos que Tú estás en el Sagrario, en la Custodia, en el Pan y en el Vino compartidos... pero también en el que sufre, en el necesitado, en el refugiado, en el que no sabe cómo llegar a fin de mes. Abre nuestros ojos a la realidad sufriente del mundo y nuestro corazón a la generosidad.

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